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Científicos simulan una babosa marina que toma decisiones y se vuelve adicta a una droga virtual

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Para estudiar cómo un cerebro rudimentario toma decisiones, científicos de la Universidad de Illinois reprodujeron digitalmente una de las estructuras nerviosas mas simples de la naturaleza: la babosa depredadora. Ekaterina Gribkova, es la investigadora neurocientífica responsable de la versión más reciente de la cyberslug. La cual está diseñada considerando las adicciones.

ASIMOV es el nombre del personaje (Algoritmo de Selectividad por Incentivo, Motivación y Valoración Optimizada). No muy diferente a los anteriores cyberslug ASIMOV sabe cuándo y qué comer en función de la experiencia pasada, pero esta vez el software tiene un sistema de recompensa; de verdad puede gustarle lo que come y es la forma más sencilla de simular la adicción.

Con sus colegas investigadores Marianne Catanho de la Universidad de California, San Diego, y Rhanor Gillette de la Universidad de Illinois, Gribkova cambió la configuración hedonista de su babosa mascota a un nivel alto, obligándola a limitar el hambre mientras buscaba placer. ASIMOV aprendió a limitar la comida a lo nutritivo, dejando un lado lo delicioso pero dañino. En tiempos de hambre extrema come cualquier cosa que encuentra. Pero la prueba real se dio cuando se incluyó un nuevo alimento «droga» que no tiene ningún valor nutricional.

cyberslug asimov eligiendo su comida

La «droga» fue diseñada para satisfacer a la babosa, pero con un limitante. Mientras más consumía, la satisfacción era menos placentera.

Al igual que cuando tomas café todos los días, te acostumbras a los efectos, que disminuyen con el tiempo

Gribkova

Rápidamente la habilidad de adpatarse neurológicamente de la babosa (plasticisdad homeoestática) la obligó a preferir la «droga» a los demás alimentos, y la deficiencia en el placer hacía que la buscara cada vez más rápido. Los científicos la enviaron a «rehabilitación». sin la droga, el programa logró limpiarse y recuperar la sensibilidad previa a los efectos de la «droga».

Esta respuesta no es sorprendente por si sola, pues la vemos en una gran variedad de animales, incluyéndonos a nosotros mismos. Lo importante en esta investigación es que ya exista un modelo digital comprobado. Y es una herramienta ética para empezar a jugar con sistemas nerviosos más complejos. Utilizar modelos como ASIMOV para hallar nuevos tratamientos más eficaces contra la adicción es ahora un hecho.

Puedes leer el artículo en Scientific Reports presionando aquí.